“A mayor vulnerabilidad, mayor posibilidad de que un niño, niña o adolescente incurra en el delito. Lo adolescentes con sus derechos vulnerados son un caldo de cultivo delictual”, sostuvo el juez Federico Moeykens, especializado en niños, niñas y adolescencia, en una entrevista con LA GACETA. “Así lo ha entendido la Corte Interamericana de Derechos Humanos en un caso conocido como ‘Panchito López’ donde dijo que una persona que en su infancia vive en la humillación de la miseria, sin la menor condición siquiera de crear su proyecto de vida, experimenta un estado de padecimiento equivalente a una muerte espiritual”, explicó.

- ¿Hay grupos de adolescentes que se dedican a delinquir?

No. Sin perjuicio de que cabe aclarar que en muchos casos en los que intervenimos en la Justicia Penal Juvenil, los adolescentes que incurren en delitos contra la propiedad lo hacen en compañía de otras personas que por lo general son mayores de edad. Pero la experiencia diaria muestra que no existen bandas organizadas de personas menores de edad para cometer delitos.

- ¿Influye en esta situación el consumo de drogas?

- Lo que vemos permanentemente es el problema del consumo de drogas. Los chicos acceden a ellas, se drogan y a causa de esto cometen delitos. Antes no iban armados y ahora lo hacen cada vez más y en mayor número. Y los delitos son mucho más violentos. La problemática del consumo de drogas no es nueva y a ese problema estructural se suma el de la pandemia de la cual se deriva la falta de acceso a la escuela, los clubes de barrio y las sociedades de fomento. La realidad es que los chicos están más tiempo en la calle y en la calle está la droga.

- ¿Están recibiendo la atención que necesitan?

- Lo que nos está pasando mucho es que tenemos chicos tan comprometidos con la droga que tienen problemas de índole psiquiátrica, por eso a diario en las resoluciones damos intervención al Siprosa y ordenamos abordajes desde las neurociencias. Allí el problema ya no es solo el de abordar la adicción.

- ¿Se puede cambiar esta preocupante situación?

- Se frena abordando el problema de origen; el delito crece y es cada vez más violento. Necesitamos más prevención, concientización y trabajar más con los adolescentes no solo punibles, sino también con aquellos menores de 16 años desde el ámbito proteccional, así logramos que después no ingresen al circuito de la justicia penal juvenil. Si prevenimos y hacemos un buen trabajo lograremos que no vuelvan a reincidir. La reincidencia es el fracaso del sistema y el sistema penal fracasa porque no tiene buenas políticas públicas. También, como alternativa al proceso penal juvenil tiene que existir la Justicia restaurativa, la cual trata de contemplar a las víctimas, de responsabilizar a los autores y también de contemplar sus necesidades.

- La sociedad exige penas más duras…

- No se trata de endurecer penas y de encontrar culpables en abstracto a los delitos. Lo que nos interesa es escuchar, que participen y que inclusive puedan realizar acuerdos para que responsabilizándose de la acción delictiva puedan superar esa situación, obviamente con la ayuda de la política pública del Estado, que es el último garante que tienen los chicos, según la Convención sobre los Derechos del Niño. No nos olvidemos de que la peor cara del Estado es la de la faz punitiva, sobre todo en adolescentes que están en pleno crecimiento.